Patrones de expresión para abordar y mejorar la salud mental y emocional a través de la Arteterapia

Patrones de expresión para abordar y mejorar la salud mental y emocional a través de la Arteterapia

Camila Rivera.

El arte se proyecta a sí mismo como una terapia constructiva para su hacedor, como un proceso permanente de mirarse a través de un otro (la obra), de un “otro consigo mismo”, que batalla en la deconstrucción de la expresión, aquella que es siempre señal de presencia lingüística, entendida como símbolos y/o signos reconocidos desde el significado o sentido que le otorga cada individuo o colectivo, a dicha manifestación o forma de comunicar.

El arte es efectivamente, una forma de materialización de lo inconsciente, un fluir de los sentidos más allá de las estructuras racionales que nos abordan en lo cotidiano (Duncan, 2007), y que abren otros capítulos contenidos, reprimidos, resguardados o convenientemente olvidados de nuestra memoria simbólica, de nuestro yo inmerso en el mundo de las representaciones, que es el mundo fenomenológicamente entendido desde la subjetividad original y única de cada individuo.

Podemos interpretar el delirio, proceso y catalización creativa, en las sombras y las luces, en los matices del color y el detalle de la forma, grotesca o sigilosa, pequeña o apenas insinuada por el pincel, la mano, el cuerpo o la palabra. Podemos esquematizar la figura psíquica, el surrealismo lo hace (aunque no lo parezca), y deshilvanar en la hipertextualidad de la imagen, símbolo o expresión artística, la propia naturaleza; aunque en la Arteterapia, se sea enemigo de la interpretación actualizada del proceso creativo del participante (Coll, 2006), de alguna manera podemos revivir los patrones y reformularlos a través de esta modelación.

Unido a las teorías de la psicología y sus diferentes enfoques (Mindalia TV, 2017), la Arteterapia se convierte en un excelente vehículo de navegación de la autoconciencia, colocando en el centro las propias características del individuo, que se fortalecen o desvanecen en la dialéctica de su expresión artística.

A través de mi trabajo con adultos mayores con demencia y problemas cognitivos, he podido alcanzar a través de las manualidades y la pintura, el desarrollo de una comunicación emocional, en condiciones en que su lenguaje escrito y hablado se ve impedido por el avance de la enfermedad. Si bien la inefabilidad del arte se manifiesta en la expresión simbólica, la emoción es su primitiva causal de existencia. Son las emociones los elementos primigenios de nuestra expresión.

Investigadores de la Universidad de Liverpool, Inglaterra, descubrieron recientemente la posibilidad de un diagnóstico décadas previas a la evidencia de la manifestación de demencia y enfermedades neurodegenerativas en pintores, a través del análisis fractal de su obra. Se rebela un patrón repetitivo en sus pinturas, que como describe la psicóloga Alex Forsythe quien lideró la investigación, es una especie de huella genética presente en cada artista (inmodificable en la variación de sus estilos) y que se pierde a medida que se origina una enfermedad neuropsicológica y degenerativa. Tales son el caso de Salvador Dalí y Norval Morriseau, ambos con Parkinson; y Willem de Kooning y James Brook, quienes padecieron de Alzheimer. Dalí por ejemplo, manifiesta en su obra “Retrato de mi hermano muerto”, el inicio de la pérdida de sus patrones fractales que continuarán progresivamente decayendo con los años, y cuya creación se dio 20 años previos al diagnóstico de su enfermedad (Forsythe et al., 2017).

Posiblemente, el arte cuidadosamente observado, bajo el enfoque de una determinada terapia, nos puede rebelar los síntomas ocultos de un malestar latente, que nos permita resignificar desde aquel malestar (Bassols, 2006) una puesta en escena distinta y que haga sufrir menos a la persona que la vivencia. El arte es reparador, pues es belleza y poesía que sacamos de nosotros mismos, o en la que nos vemos reflejados. Es la lengua más arcaica que existe y ha permitido vestir de sentido lo que somos desde lo profundo de nosotros mismos, de aquello que no se dice y que en el silencio grita o que a veces logramos percibir a través de los sueños.

¿Quién soy para mí y para otros (ese otro que vemos reflejado en nuestra propia obra)? ¿Por qué me siento confundido, y a veces perdido como en una nebulosa demorada?  Preguntas de reconocimiento del propio escenario que nos hacemos para liberarnos de las paradojas que acosan nuestro desarrollo, mientras navegamos en el nihilista velocímetro del tercer milenio y que no deja lugar a la contemplación lenta y paciente de los escolásticos y renacentistas, de los romanticistas decimonónicos, de los Gregorianos, Victorianos y luego surrealistas, apreciadores incesantes de la naturaleza de la que replicaban su orgánica silenciosa.

 

Referencias Bibliográficas

Forsythe A., Reilly R., Williams T. (2017). What Paint Can Tell Us: A Fractal Analysis of Neurological Changes in Seven Artists. (Ed.) American Pshycological Asociation. Neuropsychology  Vol. 31, N° 1, 1–10. DOI: http://dx.doi.org/10.1037/neu0000303

Duncan N. (2007). Trabajar con las emociones en Arteterapia. (Ed.) Revista Arteterapia Papeles de arteterapia y educación artística para la inclusión social Vol. 2, (p.) 39-49

Bassols M. (2006). El arteterapia un acompañamiento en la creación y la transformación. (Ed.) Revista Arteterapia – Papeles de arteterapia y educación artística para la inclusión social. Vol. 1, (p.) 19-25.

Coll F. (2006) Un viaje por arteterapia. (Ed.) Revista Arteterapia – Papeles de arteterapia y educación artística para la inclusión social. Vol. 1 (p.) 41-44

Mindalia Televisión (2017) Arteterapia y Psicología Junguiana; por Carmen Moreno, Alberto Moraly y Alberto de la Paz PARTE 1. Recuperado de la página web: https://www.youtube.com/watch?v=x4vZ5bjoOUs&t=530s

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