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Modelo de gestión comunicacional para un cambio de paradigma en la atención sanitaria de un caso ELEAM

Camila Rivera.

1) Introducción

Las planificaciones de capacitación han variado desde unas más restrictivas con control de liderazgos fuertes, hasta el entendimiento más flexible de los procesos gracias a la asimilación de diversas teorías de sistemas, donde la relación entre sus miembros es más horizontal, lo que permite una mayor delegación, participación y responsabilidad de sus miembros, conforme a los objetivos que mueven el quehacer cotidiano de la organización.

Esta modelación es fundamental para comprender la migración de los modelos y los cambios de paradigmas que nos permiten tener una mirada más humana de la producción y la productividad, profundizando en aquel componente fundamental de las relaciones humanas, las comunicaciones.

Este campo, que estudia las interacciones y nuestro comportamiento en sociedad, abre la puerta a las organizaciones, en el entendimiento de que habilidades y competencias distintas a las propiamente técnicas, deben ser consideradas en el espectro de todo acto de servicio y trabajo en equipo. Se requiere de un importante levantamiento de información de la organización, para definir cuáles habilidades son las más críticas y requeridas en el desempeño de los colaboradores para cumplir los objetivos de la planificación estratégica de la organización (Tironi, 2004).

El levantamiento requerido consiste en la observación de todos los procesos llevados a cabo en la residencia y quienes son los participantes de estos procesos. Luego se requiere desarrollar los correspondientes diagramas de procesos, considerando las nuevas prácticas de Atención Centrada en la Persona, para con estos determinar los perfiles y competencias que se requiere de los colaboradores en cada uno de las etapas de los procesos (Segovia, 2012). Con todo lo anterior, es posible determinar y diseñar la capacitación requerida para cerrar las brechas entre la situación actual de competencias del personal y las competencias esperadas para poder cumplir con los requerimientos del Modelo de Atención Centrado en la Persona (MACP).

2) Destinatarios

En nuestra capacitación debemos considerar a todos los miembros de la residencia, puesto que debemos dinamizar el proceso de aprendizaje y aumentar la posibilidad de producir las sinergias a su vez generadoras de la identidad y personalidad de los equipos que hace a cada organización distinta una de otra, rasgo particular que forma parte del valor agregado de la organización en el mercado.

La idea es no trabajar en el vacío y proponer una capacitación sin raíces donde no se considera, conoce y valora a los trabajadores. Debemos comenzar con dinámicas grupales en las que podamos (una vez que hemos recopilado datos a través de la observación, informes del directivo y sus apreciaciones), interactuar con ellos en una primera sesión con dinámicas de grupo, para desarrollar lazos más fuertes entre los trabajadores y donde aprenden a valorarse y reconocer sus fortalezas.

Como se trata de una residencia con un ambiente acotado, con pocos trabajadores, la familiaridad e interacción entre los miembros tiende a ser mayor, por lo tanto se da la posibilidad de desarrollar las sesiones a todos los trabajadores juntos en la primera sesión, incluido el Director, incluidas los auxiliares. No incluiremos para estos efectos a las voluntarias, ya que su labor es especialmente altruista, de acompañamiento, cariño y apoyo, lo que esencialmente constituye los pilares de la MACP, y además porque el director puede instruirlas según considere en visitas posteriores a la capacitación.

Una vez que en la primera Dinámica de Grupo se ha potenciado una visión de interdependencia y cooperación entre empleados, podemos comenzar a desarrollar los cursos de capacitación que corresponderán a las restantes 11 sesiones.

3) Objetivos

  1. Generales:
  • Mejorar el servicio y la percepción de calidad de vida de los residentes y sus familias, a través de las mejoras realizadas tras la intervención profesional al ELEAM, utilizando el concepto del MACP.
  • Desarrollar un ambiente positivo de relacionamiento entre los trabajadores para que puedan hacer posible la implementación del MACP.
  • Desarrollar y/o reforzar en los trabajadores según los perfiles de cargo, las competencias específicas necesarias para su buen desempeño.

2. Específicos:

  • Levantar información sobre todos los procesos y procedimientos que se llevan a cabo en el ELEAM.
  • Crear los perfiles de cargos críticos de la ELEAM con su respectivo mapeo de competencias requeridas.
  • Validar con el Director del ELEAM, los objetivos a cumplir con la capacitación de acuerdo al levantamiento obtenido y su análisis.
  • Fijar reuniones de pauta de 30 minutos de todo el equipo del ELEAM, semanales, en las que se puedan discutir ideas, proponer actividades o realizar críticas constructivas (evolución de los Indicares de desempeño).
  • Definir el proceso de levantamiento de información periódicamente a través de los KPIs o Indicadores de Desempeño, utilizando el método de observación, realizado por el Director de la residencia.
  • Establecer un método de seguimiento a través de los KPIs, para definir futuros refuerzos en capacitación o eventualmente la desvinculación de personal.
  • Promover la realización de actividades como por ejemplo de convivencia en el centro, del tipo celebración de cumpleaños de residentes y trabajadores, día del profesional (por ej. enfermera), día internacional de la PM, entre otros.

4) Contenido y actividades

 Realizaremos para estos propósitos, 5 cursos divididos en 2 sesiones teóricas de 2 horas cada una. Cada curso será desarrollado durante la semana, donde una sesión del curso se da por ejemplo, los días martes y los jueves, ambos a primera hora de la mañana y los lunes y miércoles para el segundo grupo, ambos a primera hora de la tarde (15.00 hrs.).

La primera sesión de la capacitación, como dijimos anteriormente, será una dinámica grupal de introducción al trabajo en equipo, con una duración de 2 horas, en la que participarán todos los miembros de la residencia, para ambos casos en el grupo de la tarde y mañana.

Una hora la utilizaremos al principio de la capacitación en ambos grupos, para realizar una evaluación de conocimientos y habilidades. Del mismo modo, al final de la capacitación, evaluaremos los conocimientos y habilidades adquiridas a través de una prueba teórica.

Curso 1: Herramientas para mejorar la calidad de vida de las PM.

En este curso dirigido a todo el personal de la residencia, abordaremos aspectos como la estimulación y fomento de la autonomía en la Persona Mayor, a través del apoyo graduado de las ABVD y AIVD y el desarrollo de técnicas de comunicación para manejar a las Personas Mayores con los SCPD. Además se entregarán conocimientos de decoración y administración de los espacios para mejorar la dinámica de los adultos mayores en el centro, en su relación entre ellos, el personal y sus familiares y mejorar su percepción de bienestar y comodidad en el lugar (Yanguas, 2018).

Se muestra este video: https://www.youtube.com/watch?v=OY87ooUMU4U

Curso 2: Autovaloración y valoración de otros a través de la comunicación asertiva.

 Este curso está diseñado para ser impartido a toda la cadena de trabajadores, desde los auxiliares al Director, con el objetivo de mejorar la forma en que nos relacionamos con los demás y con nosotros mismos; la visión que tenemos de la importancia de nuestra labor en la residencia y el impacto que cada detalle de nuestro comportamiento puede tener en quienes tratamos a diario, especialmente las Personas Mayores.

Con un lenguaje sencillo y sin tecnicismos encontraremos en este curso, distintas formas de comunicación, que pueden ayudarnos a mejorar nuestra relación con las personas que forman parte de nuestra vida, familia, compañeros de trabajo, jefes, etc.  Un curso guía para profundizar en la visión de lo humano de nuestro trabajo diario (Maturana,1991) con las PMs. Parte importante de las actividades de este curso, será en base a dinámicas de “Rol Playing” dirigidos por el instructor.

Se muestra este video: https://www.youtube.com/watch?v=S1LEhmhxS0g

Curso 3: Trabajar en equipo: el mejor camino para el desarrollo personal y profesional. 

 En este curso conoceremos las habilidades esenciales requeridas para mejorar la relación con nuestros colegas, consolidar los equipos de trabajo y mejorar los resultados de la organización en torno a los principios del MACP. Se tratarán los siguientes temas: Escucha activa, coordinación y cooperación, habilidades interpersonales, aceptación de los objetivos del equipo y comunicación. Se realizarán dinámicas para desarrollar la confianza y asumir riesgos. Este curso está dirigido a todos los trabajadores, pero focalizado por área de trabajo (enfermería, trato directo, cocina, etc.).

Se muestra este video: https://www.youtube.com/watch?v=fH1-jelS55I

Curso 4: Introducción al Modelo de Atención Centrado en la Persona (MACP)

 En este curso abordaremos el MACP, haciendo la distinción entre el modelo tradicional centrado en los objetivos del servicio v/s el modelo centrado en los requerimientos de la PM. Se abordarán temáticas como: Dignidad y derechos de la PM, fortalezas y capacidades de la PM, la importancia la biografía de la PM, entre otros. (Yanguas, 2018). Aprenderemos a través de trabajos grupales, desarrollados en base a labores cotidianas de cada área. En este curso participan todos los miembros de la residencia.

Se muestra este video:

https://www.youtube.com/watch?v=s7ckTVyBZ9Q&list=PLAIPcsrq5j7h3GPdQUqsGqJOnouWSWRs2

 Curso 5: Herramientas para el liderazgo y gestión del MACP

 Este curso está dirigido exclusivamente al Director de la residencia, con el objetivo de entregarle herramientas para potenciar a sus equipos, a través de competencias directivas, dirigidas a identificar las necesidades y debilidades del centro, para ser consensuadas en reuniones periódicas con su equipo. Algunas herramientas entregadas son: conducción y motivación del equipo, delegación y supervisión, responsabilidad por los resultados, entre otros. Adicionalmente, se capacitará en técnicas de observación y generación de indicadores de desempeño o KPI. Se le realiza una inducción en: Responsabilidad Social Empresarial (RSE), Ética, Gestión y métodos de evaluación de personal.

5) Indicadores (KPIs)

La primera evaluación que realizaremos al comienzo de la capacitación, será de una hora y su objetivo será evaluar conocimientos y desempeño de los trabajadores “As Is”. Será una prueba de conocimiento y de prácticas en la realización de sus tareas habituales.

La última evaluación contendrá las mismas preguntas de la primera prueba, y tiene como objetivo medir los conocimientos y nuevas prácticas adquiridas en la capacitación recibida. Será  requerimiento de aprobación del curso teórico el lograr un resultado superior o igual a 80%.

La aprobación del curso práctico, se hará en base a los resultados obtenidos en las mediciones de los KPIs para cada de los alumnos de los cursos.

La construcción de los KPIs, se realizará en base a mediciones objetivas de actividades esperadas para cada cargo. Por ejemplo, en el caso de los asistentes de trato directo, posibles KPIs serían: Nº de veces en que ayudó a llevar al baño; Nº de veces que asistió a caminar vs. Llevar en silla de ruedas, etc.

Estos mismos indicadores de desempeño serán utilizados por el Director, para el control y seguimiento del desempeño de sus colaboradores, pudiendo determinar con la evolución de ellos, las necesidades de futuros refuerzos a la capacitación recibida u otras necesidades detectadas.

Referencias Bibliográficas:

 Tironi, E., Cavallo, A. (2004). Comunicación Estratégica, vivir en un mundo de señales. (Ed.) Aguilar Chilena de Ediciones S.A. Taurus. Santiago de Chile.

Maturana, H. (1991). El sentido de lo humano.(Ed.) DOLMEN EDICIONES S.A. Santiago de chile.

Yanguas, J. Y Cols. (2007). Modelo de atención a las personas con enfermedad de Alzheimer. Instituto de Mayores y Servicios Sociales (IMSERSO). Madrid, España.

Segovia, S. (2012). Modelo de gestión por competencias aplicado al proceso de capacitación en una institución de salud pública de la Quinta Región de Chile. Rev. Sapiens Research. Boletín científico. Vol. 2(1)-2012 / pp: 23-30 / ISSN-e: 2215-9312

Cícero Comunicación (2018). España. Recuperado de la página web https://www.cicerocomunicacion.es/que-es-un-kpi-ejemplos/

Fundación Reina Sofía (2012). Guía Práctica para profesionales que trabajan con enfermos de Alzheimer. (Ed.) PricewatherhouseCoopers S.L. (PWC). España.

Yanguas, J. (2018). Espacios, accesibilidad y rutinas: su importancia para la mantención de la autonomía de personas que sufren una demencia. En Diplomado Personas mayores y demencias: abordaje gerontológico. Santiago: Pontificia Universidad Católica de Chile.

Yanguas, J. (2018). Modelo de atención centrado en la persona aplicado al cuidado de personas mayores con demencias. En Diplomado Personas mayores y demencias: abordaje gerontológico. Santiago: Pontificia Universidad Católica de Chile.

Vega, V. (2018). Atenciones básicas de las actividades de la vida diaria (AVD) en personas mayores con demencia: apoyo v/s autovalencia. En Diplomado Personas mayores y demencias: abordaje gerontológico. Santiago: Pontificia Universidad Católica de Chile.

Carta de San Juan Pablo II a los ancianos

Por: San Juan Pablo II. 

A mis hermanos y hermanas ancianos!

“ Aunque uno viva setenta años,
y el más robusto hasta ochenta,
la mayor parte son fatiga inútil
porque pasan aprisa y vuelan ”
(Sal 90 [89], 10)

1. Setenta eran muchos años en el tiempo en que el Salmista escribía estas palabras, y eran pocos los que los superaban; hoy, gracias a los progresos de la medicina y a la mejora de las condiciones sociales y económicas, en muchas regiones del mundo la vida se ha alargado notablemente. Sin embargo, sigue siendo verdad que los años pasan aprisa; el don de la vida, a pesar de la fatiga y el dolor, es demasiado bello y precioso para que nos cansemos de él.

He sentido el deseo, siendo yo también anciano, de ponerme en diálogo con vosotros. Lo hago, ante todo, dando gracias a Dios por los dones y las oportunidades que hasta hoy me ha concedido en abundancia. Al recordar las etapas de mi existencia, que se entremezcla con la historia de gran parte de este siglo, me vienen a la memoria los rostros de innumerables personas, algunas de ellas particularmente queridas: son recuerdos de hechos ordinarios y extraordinarios, de momentos alegres y de episodios marcados por el sufrimiento. Pero, por encima de todo, experimento la mano providente y misericordiosa de Dios Padre, el cual “ cuida del mejor modo todo lo que existe ” (1) y que “ si le pedimos algo según su voluntad, nos escucha ” (1 Jn 5, 14). A Él me dirijo con el Salmista: “ Dios mío, me has instruido desde mi juventud, y hasta hoy relato tus maravillas, ahora, en la vejez y las canas, no me abandones, Dios mío, hasta que describa tu brazo a la nueva generación, tus proezas y tus victorias excelsas ” (Sal 71[70], 17-18).

Mi pensamiento se dirige con afecto a todos vosotros, queridos ancianos de cualquier lengua o cultura. Os escribo esta carta en el año que la Organización de las Naciones Unidas, con buen criterio, ha querido dedicar a los ancianos para llamar la atención de toda la sociedad sobre la situación de quien, por el peso de la edad, debe afrontar frecuentemente muchos y difíciles problemas.

El Pontificio Consejo para los Laicos ha ofrecido ya valiosas pautas de reflexión sobre este tema.(2) Con la presente carta deseo solamente expresaros mi cercanía espiritual, con el estado de ánimo de quien, año tras año, siente crecer dentro de sí una comprensión cada vez más profunda de esta fase de la vida y, en consecuencia, se da cuenta de la necesidad de un contacto más inmediato con sus coetáneos, para tratar de las cosas que son experiencia común, poniéndolo todo bajo la mirada de Dios, el cual nos envuelve con su amor y nos sostiene y conduce con su providencia.

2. Queridos hermanos y hermanas: a nuestra edad resulta espontáneo recorrer de nuevo el pasado para intentar hacer una especie de balance. Esta mirada retrospectiva permite una valoración más serena y objetiva de las personas que hemos encontrado y de las situaciones vividas a lo largo del camino. El paso del tiempo difumina los rasgos de los acontecimientos y suaviza sus aspectos dolorosos. Por desgracia, en la existencia de cada uno hay sobradas cruces y tribulaciones. A veces se trata de problemas y sufrimientos que ponen a dura prueba la resistencia psicofísica y hasta conmocionan quizás la fe misma.
No obstante, la experiencia enseña que, con la gracia del Señor, los mismos sinsabores cotidianos contribuyen con frecuencia a la madurez de las personas, templando su carácter.

La reflexión que predomina, por encima de los episodios particulares, es la que se refiere al tiempo, el cual transcurre inexorable. “ El tiempo se escapa irremediablemente ”, sentenciaba ya el antiguo poeta latino.(3) El hombre está sumido en el tiempo: en él nace, vive y muere. Con el nacimiento se fija una fecha, la primera de su vida, y con su muerte otra, la última. Es el alfa y la omega, el comienzo y el final de su existencia terrena, como subraya la tradición cristiana al esculpir estas letras del alfabeto griego en las lápidas sepulcrales.

No obstante, aunque la existencia de cada uno de nosotros es limitada y frágil, nos consuela el pensamiento de que, por el alma espiritual, sobrevivimos incluso a la muerte. Además, la fe nos abre a una “ esperanza que no defrauda ” (cf. Rm 5, 5), indicándonos la perspectiva de la resurrección final. Por eso la Iglesia usa en la Vigilia pascual estas mismas letras con referencia a Cristo vivo, ayer, hoy y siempre: Él es “ principio y fin, alfa y omega. Suyo es el tiempo y la eternidad ”.(4) La existencia humana, aunque está sujeta al tiempo, es introducida por Cristo en el horizonte de la inmortalidad. Él “ se ha hecho hombre entre los hombres, para unir el principio con el fin, esto es, el hombre con Dios ”.(5)

Un siglo complejo hacia un futuro de esperanza

3. Al dirigirme a los ancianos, sé que hablo a personas y de personas que han realizado un largo recorrido (cf. Sb 4, 13). Hablo a los de mi edad; me resulta fácil, por tanto, buscar una analogía en mi experiencia personal. Nuestra vida, queridos hermanos y hermanas, ha sido inscrita por la Providencia en este siglo XX, que ha recibido una compleja herencia del pasado y ha sido testigo de numerosos y extraordinarios acontecimientos.

Como tantas otras épocas de la historia, nuestro siglo ha conocido luces y sombras. No todo han sido penumbras. Hay muchos aspectos positivos que han sido el contrapeso de otros negativos o han surgido de éstos últimos, como una beneficiosa reacción de la conciencia colectiva. No obstante, es cierto —y sería tan injusto como peligroso olvidarlo— que se han producido daños inauditos, que han incidido en la vida de millones y millones de personas. Bastaría pensar en los conflictos surgidos en diversos continentes, debidos a contenciosos territoriales entre Estados o al odio entre diversas etnias. Tampoco se han de considerar menos graves las condiciones de pobreza extrema de amplios sectores sociales en el Sur del mundo, el vergonzoso fenómeno de la discriminación racial y la sistemática violación de los derechos humanos en muchos países. Y, en fin, ¿qué decir de los grandes conflictos mundiales?

Sólo en la primera parte del siglo hubo dos, de una magnitud hasta entonces desconocida por las muertes y la destrucción ocasionadas. La primera guerra mundial segó la vida de millones de soldados y civiles, truncando la existencia de muchos seres humanos casi en la adolescencia o incluso en su niñez. Y, ¿qué decir de la segunda guerra mundial? Estalló tras pocos años de una relativa paz en el mundo, especialmente en Europa, y fue más trágica que la anterior, con tremendas consecuencias para las naciones y los continentes. Fue guerra total, una inaudita explosión de odio que se abalanzó brutalmente también sobre la inerme población civil y destruyó generaciones enteras. Fue incalculable el tributo pagado en los diversos frentes al delirio bélico y terroríficos los estragos llevados a cabo en los campos de exterminio, auténticos Gólgotas de la época contemporánea.

Durante muchos años, en la segunda mitad del siglo, se ha vivido la pesadilla de la guerra fría, esto es, la confrontación entre los dos grandes bloques ideológicos contrapuestos, el Este y el Oeste, con una desenfrenada carrera de armamentos y la amenaza constante de una guerra atómica capaz de destruir la humanidad entera.(6) Gracias a Dios, esta página oscura se ha terminado con la caída en Europa de los regímenes totalitarios opresivos, como fruto de una lucha pacífica, que ha empuñado las armas de la verdad y la justicia.(7) Se ha comenzado así un arduo pero provechoso proceso de diálogo y reconciliación orientado a instaurar una convivencia más serena y solidaria entre los pueblos.

No obstante, demasiadas Naciones están todavía muy lejos de experimentar los beneficios de la paz y la libertad. En los últimos meses, el violento conflicto surgido en la región de los Balcanes, que ya en los años precedentes había sido teatro de una terrible guerra de carácter étnico, ha suscitado gran conmoción; se ha derramado más sangre, se han intensificado las destrucciones y se han alimentado nuevos odios. Ahora, cuando finalmente el fragor de las armas se ha apaciguado, se comienza a pensar en la reconstrucción en la perspectiva del nuevo milenio. Pero, mientras tanto, siguen propagándose también en otros continentes numerosos focos de guerra, a veces con masacres y violencias olvidadas demasiado pronto por las crónicas.

4. Aunque estos recuerdos y estas dolorosas situaciones actuales nos entristecen, no podemos olvidar que nuestro siglo ha visto surgir múltiples aspectos positivos, los cuales son, al mismo tiempo, motivos de esperanza para el tercer milenio. Así, se ha acrecentado —aunque entre tantas contradicciones, especialmente en lo que se refiere al respeto de la vida de cada ser humano— la conciencia de los derechos humanos universales, proclamados en declaraciones solemnes que comprometen a los pueblos.

Asimismo, se ha desarrollado el sentido del derecho de los pueblos al autogobierno, en el marco de relaciones nacionales e internacionales inspirados en la valoración de las identidades culturales y, al mismo tiempo, al respeto de las minorías. La caída de los sistemas totalitarios, como los del Este europeo, ha hecho percibir mejor y más universalmente el valor de la democracia y del libre mercado, aunque planteando el gran desafío de compaginar la libertad y la justicia social.

También se ha de considerar un gran don de Dios el que las religiones estén intentando, cada vez con mayor determinación, un diálogo que les permita ser un factor fundamental de paz y de unidad para el mundo.

Tampoco se ha de olvidar que aumenta en la conciencia común el debido reconocimiento a la dignidad de la mujer.
Indudablemente, queda aún mucho camino por andar, pero se ha trazado el rumbo a seguir. También es motivo de esperanza el auge de las comunicaciones que, favorecidas por la tecnología actual, permiten superar los límites tradicionales y hacernos sentir ciudadanos del mundo.

Otro campo importante en el que se ha madurado es la nueva sensibilidad ecológica, la cual merece ser alentada. También son factores de esperanza los grandes progresos de la medicina y de las ciencias aplicadas al bienestar del hombre.

Así pues, hay tantos motivos por los que debemos dar gracias a Dios. A pesar de todo, este final de siglo presenta grandes posibilidades de paz y de progreso. De las mismas pruebas por las que ha pasado nuestra generación surge una luz capaz de iluminar los años de nuestra vejez. Se confirma así un principio muy entrañable para la tradición cristiana: “ Las tribulaciones no sólo no destruyen la esperanza, sino que son su fundamento ”.(8)

Por tanto, mientras el siglo y el milenio están llegando a su ocaso y se vislumbra ya el alba de una nueva época para la humanidad, es importante que nos detengamos a meditar sobre la realidad del tiempo que pasa con rapidez, no para resignarnos a un destino inexorable, sino para valorar plenamente los años que nos quedan por vivir.

El otoño de la vida

5. ¿Qué es la vejez? A veces se habla de ella como del otoño de la vida —como ya decía Cicerón (9) —, por analogía con las estaciones del año y la sucesión de los ciclos de la naturaleza. Basta observar a lo largo del año los cambios de paisaje en la montaña y en la llanura, en los prados, los valles y los bosques, en los árboles y las plantas. Hay una gran semejanza entre los biorritmos del hombre y los ciclos de la naturaleza, de la cual él mismo forma parte.

Al mismo tiempo, sin embargo, el hombre se distingue de cualquier otra realidad que lo rodea porque es persona. Plasmado a imagen y semejanza de Dios, es un sujeto consciente y responsable. Aún así, también en su dimensión espiritual el hombre experimenta la sucesión de fases diversas, igualmente fugaces. A San Efrén el Sirio le gustaba comparar la vida con los dedos de una mano, bien para demostrar que los dedos no son más largos de un palmo, bien para indicar que cada etapa de la vida, al igual que cada dedo, tiene una característica peculiar, y “ los dedos representan los cinco peldaños sobre los que el hombre avanza ”.(10)

Por tanto, así como la infancia y la juventud son el periodo en el cual el ser humano está en formación, vive proyectado hacia el futuro y, tomando conciencia de sus capacidades, hilvana proyectos para la edad adulta, también la vejez tiene sus ventajas porque —como observa San Jerónimo—, atenuando el ímpetu de las pasiones, “ acrecienta la sabiduría, da consejos más maduros ”.(11) En cierto sentido, es la época privilegiada de aquella sabiduría que generalmente es fruto de la experiencia, porque “ el tiempo es un gran maestro ”.(12) Es bien conocida la oración del Salmista: “ Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato ” (Sal 90 [89], 12).

Los ancianos en la Sagrada Escritura

6. “ Juventud y pelo negro, vanidad ”, observa el Eclesiastés (11, 10). La Biblia no se recata en llamar la atención sobre la caducidad de la vida y del tiempo, que pasa inexorablemente, a veces con un realismo descarnado: “ ¡Vanidad de vanidades! […] ¡vanidad de vanidades, todo vanidad! ” (Qo 1, 2). ¿Quién no conoce esta severa advertencia del antiguo Sabio? Nosotros los ancianos, especialmente nosotros, enseñados por la experiencia, lo entendemos muy bien.

No obstante este realismo desencantado, la Escritura conserva una visión muy positiva del valor de la vida. El hombre sigue siendo un ser creado “ a imagen de Dios ” (cf. Gn 1, 26) y cada edad tiene su belleza y sus tareas. Más aún, la palabra de Dios muestra una gran consideración por la edad avanzada, hasta el punto de que la longevidad es interpretada como un signo de la benevolencia divina (cf. Gn 11, 10-32). Con Abraham, del cual se subraya el privilegio de la ancianidad, dicha benevolencia se convierte en promesa: “ De ti haré una nación grande y te bendeciré. Engrandeceré tu nombre; y sé tú una bendición. Bendeciré a quienes te bendigan y maldeciré a quienes te maldigan. Por ti se bendecirán todos los linajes de la tierra ” (Gn 12, 2-3). Junto a él está Sara, la mujer que vio envejecer su propio cuerpo pero que experimentó, en la limitación de la carne ya marchita, el poder de Dios, que suple la insuficiencia humana. Moisés es ya anciano cuando Dios le confía la misión de hacer salir de Egipto al pueblo elegido. Las grandes obras realizadas en favor de Israel por mandato del Señor no las lleva a cabo en su juventud, sino ya entrado en años. Entre otros ejemplos de ancianos, quisiera citar la figura de Tobías, el cual, con humildad y valentía, se compromete a observar la ley de Dios, a ayudar a los necesitados y a soportar con paciencia la ceguera hasta que experimenta la intervención finalmente sanadora del ángel de Dios (cf. Tb 3, 16-17); también la de Eleazar, cuyo martirio es un testimonio de singular generosidad y fortaleza (cf. 2 Mac 6, 18-31).

7. El Nuevo Testamento, inundado de la luz de Cristo, nos ofrece asimismo figuras elocuentes de ancianos. El Evangelio de Lucas comienza presentando una pareja de esposos “ de avanzada edad ” (1, 7), Isabel y Zacarías, los padres de Juan Bautista. A ellos se dirige la misericordia del Señor (cf. Lc 1, 5-25. 39-79); a Zacarías, ya anciano, se le anuncia el nacimiento de un hijo. Lo subraya él mismo: “ yo soy viejo y mi mujer avanzada en edad ” (Lc 1, 18). Durante la visita de María, su anciana prima Isabel, llena del Espíritu Santo, exclama: “ Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno ” (Lc 1, 42). Al nacer Juan Bautista, Zacarías proclama el himno del Benedictus. He aquí una admirable pareja de ancianos, animada por un profundo espíritu de oración.

En el templo de Jerusalén, María y José, que habían llevado a Jesús para ofrecerlo al Señor o, mejor dicho, para rescatarlo como primogénito según la Ley, se encuentran con el anciano Simeón, que durante tanto tiempo había esperado la venida del Mesías. Tomando al niño en sus brazos, Simeón bendijo a Dios y entonó el Nunc dimitis: “ Ahora, Señor, puedes, según tu
palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz… ” (Lc 2, 29).

Junto a él encontramos a Ana, una viuda de ochenta y cuatro años que frecuentaba asiduamente el Templo y que tuvo en aquella ocasión el gozo de ver a Jesús. Observa el Evangelista que se puso a alabar a Dios “ y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén ” (Lc 2, 38).

Anciano es Nicodemo, notable miembro del Sanedrín, que visita a Jesús por la noche para que no lo vean. El divino Maestro le revelará que el Hijo de Dios es Él, venido para salvar al mundo (cf. Jn 3, 1-21). Volvemos a encontrar a Nicodemo en el momento de la sepultura de Cristo, cuando, llevando una mezcla de mirra y áloe, supera el miedo y se manifiesta como discípulo del Crucificado (cf. Jn 19, 38-40). ¡Qué testimonios tan confortadores! Nos recuerdan cómo el Señor, en cualquier edad, pide a cada uno que aporte sus propios talentos. ¡El servicio al Evangelio no es una cuestión de edad!

Y, ¿qué podemos decir del anciano Pedro, llamado a dar testimonio de su fe con el martirio? Un día, Jesús le había dicho: “cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras ” (Jn 21, 18). Como Sucesor de Pedro, estas palabras me afectan muy directamente y me hacen sentir profundamente la necesidad de tender las manos hacia las de Cristo, obedeciendo su mandato: “ Sígueme ” (Jn 21, 19).

8. El Salmo 92 [91], como sintetizando los maravillosos testimonios de ancianos que encontramos en la Biblia, proclama: “ El justo crecerá como una palmera, se alzará como un cedro del Líbano; […] En la vejez seguirá dando fruto y estará lozano y frondoso para proclamar que el Señor es justo ” (13, 15-16). El apóstol Pablo, haciéndose eco del Salmista, escribe en la carta a Tito: “ que los ancianos sean sobrios, dignos, sensatos, sanos en la fe, en la caridad, en la paciencia, en el sufrimiento; que las ancianas asimismo sean en su porte cual conviene a los santos […]; para que enseñen a las jóvenes a ser amantes de sus maridos y de sus hijos ” (2, 2-5).

Así pues, a la luz de la enseñanza y según la terminología propia de la Biblia, la vejez se presenta como un “ tiempo favorable ” para la culminación de la existencia humana y forma parte del proyecto divino sobre cada hombre, como ese momento de la vida en el que todo confluye, permitiéndole de este modo comprender mejor el sentido de la vida y alcanzar la “ sabiduría del corazón ”. “ La ancianidad venerable —advierte el libro de la Sabiduría— no es la de los muchos días ni se mide por el número de años; la verdadera canicie para el hombre es la prudencia, y la edad provecta, una vida inmaculada ” (4, 8-9). Es la etapa definitiva de la madurez humana y, a la vez, expresión de la bendición divina.

Depositarios de la memoria colectiva

9. En el pasado se tenía un gran respeto por los ancianos. A este propósito, el poeta latino Ovidio escribía: “ En un tiempo, había una gran reverencia por la cabeza canosa ”.(13) Siglos antes, el poeta griego Focílides amonestaba: “ Respeta el cabello blanco: ten con el anciano sabio la misma consideración que tienes con tu padre ”.(14)

Si nos detenemos a analizar la situación actual, constatamos cómo, en algunos pueblos, la ancianidad es tenida en gran estima y aprecio; en otros, sin embargo, lo es mucho menos a causa de una mentalidad que pone en primer término la utilidad inmediata y la productividad del hombre. A causa de esta actitud, la llamada tercera o cuarta edad es frecuentemente infravalorada, y los ancianos mismos se sienten inducidos a preguntarse si su existencia es todavía útil.

Se llega incluso a proponer con creciente insistencia la eutanasia como solución para las situaciones difíciles. Por desgracia, el concepto de eutanasia ha ido perdiendo en estos años para muchas personas aquellas connotaciones de horror que suscita naturalmente en quienes son sensibles al respeto de la vida. Ciertamente, puede suceder que, en casos de enfermedad grave, con dolores insoportables, las personas aquejadas sean tentadas por la desesperación, y que sus seres queridos, o los encargados de su cuidado, se sientan impulsados, movidos por una compasión malentendida, a considerar como razonable la solución de una “ muerte dulce ”. A este propósito, es preciso recordar que la ley moral consiente la renuncia al llamado “ensañamiento terapéutico ”, exigiendo sólo aquellas curas que son parte de una normal asistencia médica. Pero eso es muy diverso de la eutanasia, entendida como provocación directa de la muerte. Más allá de las intenciones y de las circunstancias, la eutanasia sigue siendo un acto intrínsecamente malo, una violación de la ley divina, una ofensa a la dignidad de la persona humana.(15)

10. Es urgente recuperar una adecuada perspectiva desde la cual se ha de considerar la vida en su conjunto. Esta perspectiva es la eternidad, de la cual la vida es una preparación, significativa en cada una de sus fases. También la ancianidad tiene una misión que cumplir en el proceso de progresiva madurez del ser humano en camino hacia la eternidad. De esta madurez se beneficia el mismo grupo social del cual forma parte el anciano.

Los ancianos ayudan a ver los acontecimientos terrenos con más sabiduría, porque las vicisitudes de la vida los han hecho expertos y maduros. Ellos son depositarios de la memoria colectiva y, por eso, intérpretes privilegiados del conjunto de ideales y valores comunes que rigen y guían la convivencia social. Excluirlos es como rechazar el pasado, en el cual hunde sus raíces el presente, en nombre de una modernidad sin memoria. Los ancianos, gracias a su madura experiencia, están en condiciones de ofrecer a los jóvenes consejos y enseñanzas preciosas.

Desde esta perspectiva, los aspectos de la fragilidad humana, relacionados de un modo más visible con la ancianidad, son una llamada a la mutua dependencia y a la necesaria solidaridad que une a las generaciones entre sí, porque toda persona está necesitada de la otra y se enriquece con los dones y carismas de todos.

A este respecto son elocuentes las consideraciones de un poeta que aprecio, el cual escribe: “ No es eterno sólo el futuro, ¡no sólo!… Sí, también el pasado es la era de la eternidad: lo que ya ha sucedido, no volverá hoy como antes… Volverá, sin embargo, como Idea, no volverá como él mismo ”(16).

“ Honra a tu padre y a tu madre ”

11. ¿Por qué, entonces, no seguir tributando al anciano aquel respeto tan valorado en las sanas tradiciones de muchas culturas en todos los continentes? Para los pueblos del ámbito influenciado por la Biblia, la referencia ha sido, a través de los siglos, el mandamiento del Decálogo: “ Honra a tu padre y a tu madre ”, un deber, por lo demás, reconocido universalmente. De su plena y coherente aplicación no ha surgido solamente el amor de los hijos a los padres, sino que también se ha puesto de manifiesto el fuerte vínculo que existe entre las generaciones. Donde el precepto es reconocido y cumplido fielmente, los ancianos saben que no corren peligro de ser considerados un peso inútil y embarazoso.

El mandamiento enseña, además, a respetar a los que nos han precedido y todo el bien que han hecho: “ tu padre y tu madre ” indican el pasado, el vínculo entre una generación y otra, la condición que hace posible la existencia misma de un pueblo. Según la doble redacción propuesta por la Biblia (cf. Ex 20, 2-17; Dt 5, 6-21), este mandato divino ocupa el primer puesto en la segunda Tabla, la que concierne a los deberes del ser humano hacia sí mismo y hacia la sociedad. Es el único al que se añade una promesa: “ Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar ” (Ex 20, 12; cf. Dt 5, 16).

12. “ Ponte en pie ante las canas y honra el rostro del anciano ” (Lv 19, 32). Honrar a los ancianos supone un triple deber hacia ellos: acogerlos, asistirlos y valorar sus cualidades. En muchos ambientes eso sucede casi espontáneamente, como por costumbre inveterada. En otros, especialmente en las Naciones desarrolladas, parece obligado un cambio de tendencia para que los que avanzan en años puedan envejecer con dignidad, sin temor a quedar reducidos a personas que ya no cuenta nada. Es preciso convencerse de que es propio de una civilización plenamente humana respetar y amar a los ancianos, porque ellos se sienten, a pesar del debilitamiento de las fuerzas, parte viva de la sociedad. Ya observaba Cicerón que “ el peso de la edad es más leve para el que se siente respetado y amado por los jóvenes ”.(17)

El espíritu humano, por lo demás, aún participando del envejecimiento del cuerpo, en un cierto sentido permanece siempre joven si vive orientado hacia lo eterno; esta perenne juventud se experimenta mejor cuando, al testimonio interior de la buena conciencia, se une el afecto atento y agradecido de las personas queridas. El hombre, entonces, como escribe San Gregorio Nacianceno, “ no envejecerá en el espíritu: aceptará la disolución del cuerpo como el momento establecido para la necesaria libertad. Dulcemente transmigrará hacia el más allá donde nadie es inmaduro o viejo, sino que todos son perfectos en la edad espiritual ”.(18)

Todos conocemos ejemplos elocuentes de ancianos con una sorprendente juventud y vigor de espíritu. Para quien los trata de cerca, son estímulo con sus palabras y consuelo con el ejemplo. Es de desear que la sociedad valore plenamente a los ancianos, que en algunas regiones del mundo —pienso en particular en África— son considerados justamente como “bibliotecas vivientes ” de sabiduría, custodios de un inestimable patrimonio de testimonios humanos y espirituales. Aunque es
verdad que a nivel físico tienen generalmente necesidad de ayuda, también es verdad que, en su avanzada edad, pueden ofrecer apoyo a los jóvenes que en su recorrido se asoman al horizonte de la existencia para probar los distintos caminos.

Mientras hablo de los ancianos, no puedo dejar de dirigirme también a los jóvenes para invitarlos a estar a su lado. Os exhorto, queridos jóvenes, a hacerlo con amor y generosidad. Los ancianos pueden daros mucho más de cuanto podáis imaginar. En este sentido, el Libro del Eclesiástico dice: “ No desprecies lo que cuentan los viejos, que ellos también han aprendido de sus padres ” (8, 9); “ Acude a la reunión de los ancianos; ¿que hay un sabio?, júntate a él ” (6, 34); porque “ ¡qué bien parece la sabiduría en los viejos! ” (25, 5).

13. La comunidad cristiana puede recibir mucho de la serena presencia de quienes son de edad avanzada. Pienso, sobre todo, en la evangelización: su eficacia no depende principalmente de la eficiencia operativa. ¡En cuantas familias los nietos reciben de los abuelos la primera educación en la fe! Pero la aportación beneficiosa de los ancianos puede extenderse a otros muchos campos. El Espíritu actúa como y donde quiere, sirviéndose no pocas veces de medios humanos que cuentan poco a los ojos del mundo. ¡Cuántos encuentran comprensión y consuelo en las personas ancianas, solas o enfermas, pero capaces de infundir ánimo mediante el consejo afectuoso, la oración silenciosa, el testimonio del sufrimiento acogido con paciente abandono! Precisamente cuando las energías disminuyen y se reducen las capacidades operativas, estos hermanos y hermanas nuestros son más valiosos en el designio misterioso de la Providencia.

También desde esta perspectiva, por tanto, además de la evidente exigencia psicológica del anciano mismo, el lugar más natural para vivir la condición de ancianidad es el ambiente en el que él se siente “ en casa ”, entre parientes, conocidos y amigos, y donde puede realizar todavía algún servicio. A medida que se prolonga la media de vida y crece del número de los ancianos, será cada vez más urgente promover esta cultura de una ancianidad acogida y valorada, no relegada al margen. El ideal sigue siendo la permanencia del anciano en la familia, con la garantía de eficaces ayudas sociales para las crecientes necesidades que conllevan la edad o la enfermedad. Sin embargo, hay situaciones en las que las mismas circunstancias aconsejan o imponen el ingreso en “ residencias de ancianos ”, para que el anciano pueda gozar de la compañía de otras personas y recibir una asistencia específica. Dichas instituciones son, por tanto, loables y la experiencia dice que pueden dar un precioso servicio, en la medida en que se inspiran en criterios no sólo de eficacia organizativa, sino también de una atención afectuosa. Todo es más fácil, en este sentido, si se establece una relación con cada uno de los ancianos residentes por parte de familiares, amigos y comunidades parroquiales, que los ayude a sentirse personas amadas y todavía útiles para la sociedad. Sobre este particular, ¿cómo no recordar con admiración y gratitud a las Congregaciones religiosas y los grupos de voluntariado, que se dedican con especial cuidado precisamente a la asistencia de los ancianos, sobre todo de aquellos más pobres, abandonados o en dificultad?

Mis queridos ancianos, que os encontráis en precarias condiciones por la salud u otras circunstancias, me siento afectuosamente cercano a vosotros. Cuando Dios permite nuestro sufrimiento por la enfermedad, la soledad u otras razones relacionadas con la edad avanzada, nos da siempre la gracia y la fuerza para que nos unamos con más amor al sacrifico del Hijo y participemos con más intensidad en su proyecto salvífico. Dejémonos persuadir: ¡Él es Padre, un Padre rico de amor y misericordia! Pienso de modo especial en vosotros, viudos y viudas, que os habéis quedado solos en el último tramo de la vida; en vosotros, religiosos y religiosas ancianos, que por muchos años habéis servido fielmente a la causa del Reino de los cielos; en vosotros, queridos hermanos en el Sacerdocio y en el Episcopado, que por alcanzar los límites de edad habéis dejado la responsabilidad directa del ministerio pastoral. La Iglesia aún os necesita. Ella aprecia los servicios que podéis seguir prestando en múltiples campos de apostolado, cuenta con vuestra oración constante, espera vuestros consejos fruto de la experiencia, y se enriquece del testimonio evangélico que dais día tras día.

“ Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia ”
(Sal 15 [16], 11)

14. Es natural que, con el paso de los años, llegue a sernos familiar el pensamiento del “ ocaso de la vida ”. Nos lo recuerda, al menos, el simple hecho de que la lista de nuestros parientes, amigos y conocidos se va reduciendo: nos damos cuenta de ello en varias circunstancias, por ejemplo, cuando nos juntamos en reuniones de familia, encuentros con nuestros compañeros de la infancia, del colegio, de la universidad, del servicio militar, con nuestros compañeros del seminario… El límite entre la vida y la muerte recorre nuestras comunidades y se acerca a cada uno de nosotros inexorablemente. Si la vida es una peregrinación hacia la patria celestial, la ancianidad es el tiempo en el que más naturalmente se mira hacia umbral de la eternidad.

Sin embargo, también a nosotros, ancianos, nos cuesta resignarnos ante la perspectiva de este paso. En efecto, éste presenta, en la condición humana marcada por el pecado, una dimensión de oscuridad que necesariamente nos entristece y nos da miedo. En realidad, ¿cómo podría ser de otro modo? El hombre está hecho para la vida, mientras que la muerte —como la Escritura nos explica desde las primeras páginas (cf. Gn 2-3)— no estaba en el proyecto original de Dios, sino que ha entrado sutilmente a consecuencia del pecado, fruto de la “ envidia del diablo ” (Sb 2, 24). Se comprende entonces por qué, ante esta tenebrosa realidad, el hombre reacciona y se rebela. Es significativo, en este sentido, que Jesús mismo, “ probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado ” (Hb 4, 15), haya tenido miedo ante la muerte: “ Padre mío, si es posible, que pase de mí
esta copa ” (Mt 26, 39). Y ¿cómo olvidar sus lágrimas ante la tumba del amigo Lázaro, a pesar de que se disponía a resucitarlo (cf. Jn 11, 35)?

Aún cuando la muerte sea racionalmente comprensible bajo el aspecto biológico, no es posible vivirla como algo que nos resulta “ natural ”. Contrasta con el instinto más profundo del hombre. A este propósito ha dicho el Concilio: “ Ante la muerte, el enigma de la condición humana alcanza su culmen. El hombre no sólo es atormentado por el dolor y la progresiva disolución del cuerpo, sino también, y aún más, por el temor de la extinción perpetua ”.(19)

Ciertamente, el dolor no tendría consuelo si la muerte fuera la destrucción total, el final de todo. Por eso, la muerte obliga al hombre a plantearse las preguntas radicales sobre el sentido mismo de la vida: ¿qué hay más allá del muro de sombra de la muerte? ¿Es ésta el fin definitivo de la vida o existe algo que la supera?

15. No faltan, en la cultura de la humanidad, desde los tiempos más antiguos hasta nuestros días, respuestas reductivas, que limitan la vida a la que vivimos en esta tierra. Incluso en el Antiguo Testamento, algunas observaciones del Libro del Eclesiastés hacen pensar en la ancianidad como en un edificio en demolición y en la muerte como en su total y definitiva destrucción (cf. 12, 1-7). Pero, precisamente a la luz de estas respuestas pesimistas, adquiere mayor relieve la perspectiva llena de esperanza que se deriva del conjunto de la Revelación y especialmente del Evangelio: Dios “ no es un Dios de muertos, sino de vivos ” (Lc 20, 38). Como afirma el apóstol Pablo, el Dios que da vida a los muertos (cf. Rm 4, 17) dará la vida también a nuestros cuerpos mortales (cf. ibíd., 8, 11). Y Jesús dice de sí mismo: “ Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás ” (Jn 11, 25-26).

Cristo, habiendo cruzado los confines de la muerte, ha revelado la vida que hay más allá de este límite, en aquel “ territorio ” inexplorado por el hombre que es la eternidad. Él es el primer Testigo de la vida inmortal; en Él la esperanza humana se revela plena de inmortalidad. “ Aunque nos entristece la certeza de la muerte, nos consuela la promesa de la futura inmortalidad ”.(20) A estas palabras, que la Liturgia ofrece a los creyentes como consuelo en la hora de la despedida de una persona querida, sigue un anuncio de esperanza: “ Porque la vida de los que en ti creemos, Señor, no termina, se transforma; y al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo ”.(21) En Cristo, la muerte, realidad dramática y desconcertante, es rescatada y transformada, hasta presentarse como una “ hermana ” que nos conduce a los brazos del Padre.(22)

16. La fe ilumina así el misterio de la muerte e infunde serenidad en la vejez, no considerada y vivida ya como espera pasiva de un acontecimiento destructivo, sino como acercamiento prometedor a la meta de la plena madurez. Son años para vivir con un sentido de confiado abandono en las manos de Dios, Padre providente y misericordioso; un periodo que se ha de utilizar de modo creativo con vistas a profundizar en la vida espiritual, mediante la intensificación de la oración y el compromiso de una dedicación a los hermanos en la caridad.

Por eso son loables todas aquellas iniciativas sociales que permiten a los ancianos, ya el seguir cultivándose física, intelectualmente o en la vida de relación, ya el ser útiles, poniendo a disposición de los otros el propio tiempo, las propias capacidades y la propia experiencia. De este modo, se conserva y aumenta el gusto de la vida, don fundamental de Dios. Por otra parte, este gusto por la vida no contrarresta el deseo de eternidad, que madura en cuantos tienen una experiencia espiritual
profunda, como bien nos enseña la vida de los Santos.

El Evangelio nos recuerda, a este propósito, las palabras del anciano Simeón, que se declara preparado para morir una vez que ha podido estrechar entre sus brazos al Mesías esperado: “ Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz, porque han visto mis ojos tu salvación ” (Lc 2, 29-30). El apóstol Pablo se debatía, apremiado por ambas partes, entre el deseo de seguir viviendo para anunciar el Evangelio y el anhelo de “ partir y estar con Cristo ” (Flp 1, 23). San Ignacio de Antioquía nos dice que, mientras iba gozoso a sufrir el martirio, oía en su interior la voz del Espíritu Santo, como “ agua ” viva que le brotaba de dentro y le susurraba la invitación: “ Ven al Padre ”.(23) Los ejemplos podrían continuar aún. En modo alguno ensombrecen el valor de la vida terrena, que es bella a pesar de las limitaciones y los sufrimientos, y ha de ser vivida hasta el final. Pero nos recuerdan que no es el valor último, de tal manera que, desde una perspectiva cristiana, el ocaso de la existencia terrena tiene los rasgos característicos de un “ paso ”, de un puente tendido desde la vida a la vida, entre la frágil e insegura alegría de esta tierra y la alegría plena que el Señor reserva a sus siervos fieles: “ ¡Entra en el gozo de tu Señor! ” (Mt 25, 21).

Un augurio de vida

17. Con este espíritu, mientras os deseo, queridos hermanos y hermanas ancianos, que viváis serenamente los años que el Señor haya dispuesto para cada uno, me resulta espontáneo compartir hasta el fondo con vosotros los sentimientos que me animan en este tramo de mi vida, después de más de veinte años de ministerio en la sede de Pedro, y a la espera del tercer milenio ya a las puertas. A pesar de las limitaciones que me han sobrevenido con la edad, conservo el gusto de la vida. Doy gracias al Señor por ello. Es hermoso poderse gastar hasta el final por la causa del Reino de Dios.

Al mismo tiempo, encuentro una gran paz al pensar en el momento en el que el Señor me llame: ¡de vida a vida! Por eso, a menudo me viene a los labios, sin asomo de tristeza alguna, una oración que el sacerdote recita después de la celebración eucarística: In hora mortis meae voca me, et iube me venire ad te; en la hora de mi muerte llámame, y mándame ir a ti. Es la oración de la esperanza cristiana, que nada quita a la alegría de la hora presente, sino que pone el futuro en manos de la divina bondad.

18. “ Iube me venire ad te!: éste es el anhelo más profundo del corazón humano, incluso para el que no es consciente de ello.

Concédenos, Señor de la vida, la gracia de tomar conciencia lúcida de ello y de saborear como un don, rico de ulteriores promesas, todos los momentos de nuestra vida.

Haz que acojamos con amor tu voluntad, poniéndonos cada día en tus manos misericordiosas.

Cuando venga el momento del “paso” definitivo, concédenos afrontarlo con ánimo sereno, sin pesadumbre por lo que dejemos. Porque al encontrarte a Ti, después de haberte buscado tanto, nos encontraremos con todo valor auténtico experimentado aquí en la tierra, junto a quienes nos han precedido en el signo de la fe y de la esperanza.

Y tú, María, Madre de la humanidad peregrina, ruega por nosotros “ ahora y en la hora de nuestra muerte”. Manténos siempre muy unidos a Jesús, tu Hijo amado y hermano nuestro, Señor de la vida y de la gloria.

¡Amén!

Vaticano, 1 de octubre de 1999.
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(1) S. JUAN DAMASCENO, Exposición de la fe ortodoxa, 2, 29.

(2) Cf. La dignidad del anciano y su misión en la Iglesia y en el Mundo, Ciudad del Vaticano 1998.

(3) VIRGILIO, “ Fugit inreparabile tempus ”, Geórgicas, III, 284.

(4) Liturgia de la Vigilia Pascual.

(5) S. IRENEO DE LYON, Adversus haereses, 4, 20, 4.

(6) Cf. Carta enc. Centesimus annus, 18.

(7) Cf. ibíd., 23.

(8) S. JUAN CRISOSTOMO, Comentario a la Carta a los Romanos, 9, 2.

(9) Cf. Cato maior seu De senectute, 19, 70.

(10) Sobre “ Todo es vanidad y aflicción del espíritu ”, 5-6.

(11) “ Augest sapientiam, dat maturiora consilia ”, Commentaria in Amos, II, prol.

(12) CORNEILLE, Sertorius, a. II, sc. 4, b. 717.

(13) “ Magna fuit quondam capitis reverentia cani ”, Fastos, lib. V, v. 57.

(14) Sentencias, XLII.

(15) Cf. Carta enc. Evangelium vitae, 65.

(16) C. K. NORWID, Nie tylko przyslosc…, Post scriptum, I, vv. 1-4.

(17) “ Levior fit senectus, eorum qui a iuventute coluntur et diliguntur ”, Cato maior seu De senectute, 8, 26.

(18) Discurso al retorno del campo, 11.

(19) CONC. ECUM. VAT. II, Const. past. Gaudium et spes, 18.

(20) Misal Romano, Prefacio I de difuntos.

(21) Ibíd.

(22) Cf. S. FRANCISCO DE ASIS, Cántico de las criaturas.

(23) Carta a los Romanos, 7, 2.

La musicoterapia en adultos mayores con demencias: una revisión del estado del arte en investigación internacional

Camila Rivera.

Numerosos artículos y revisiones científicas de calidad (en términos de su descriptivo rigor procedimental, consideración de variables y colección de data), se han dedicado al análisis y descripción de los efectos de la musicoterapia en adultos mayores con demencia, cuya planificación y aplicabilidad se ha designado a musicoterapeutas profesionales, sujetos a estándares similares en relación a los contextos de evaluación y atención de los participantes.

La musicoterapia ha demostrado ser un potente medio para inhibir algunos de los síntomas psicológicos y conductuales presentes, generalmente, en etapas más avanzadas de la demencia (González, 2018), en especial aquellas conductas disruptivas que afectan gravemente la sobrecarga y la calidad de vida del enfermo y su entorno socio-familiar. La agresión y la agitación son conductas que han tenido especial atención en estos estudios, originadas en buena medida por estímulos gatillantes, resultado de las interacciones con miembro del personal de las residencias, familiares y el ambiente (Olazarán et al.). El efecto apaciguador de la música alineado con la actividad terapéutica, ha permitido disminuir el uso de medicamentos neurolépticos y benzodiacepinas, capaces de producir mayor deterioro de la condición cognitiva y metabólica del paciente (González, 2018), en conjunción con el objetivo inmediato de frenar estas conductas.

Muchas de estas investigaciones han requerido formular grupos de control aleatorizados, para categorizar y medir el “tamaño del efecto” o size effect de la muestra intervenida, por comprobación de la hipótesis nula a través del valor de probabilidad P, considerando una descripción cuantitativa de los resultados capaz de validar la factibilidad de estas terapias.

Las investigaciones miden variables de comportamiento y desempeño cognitivo, definidas a través de herramientas de evaluación neuropsicológicas y psiquiátricas, ajustadas a la realidad particular del total de casos: MMSE, Barthel, HADS, NPI, CMAI, ADRQL entre otros. Se requirió el apoyo del personal a cargo de las residencias y centros comunitarios, para realizar evaluaciones y obtener una descripción adecuada de la evolución de la enfermedad durante el proceso, a través del análisis comparativo del avance en los resultados del tratamiento.

Los tres estudios consideraron que el tamaño de la muestra es insuficiente para establecer parámetros decisivos, que permitan validar la musicoterapia como tratamiento no farmacológico efectivo. Además, se considera la dificultad de llevar a cabo los análisis ciegos del estudio, teniendo en cuenta la calidad personal de la interacción con el paciente y sus cuidadores, aumentando la probabilidad de desarrollar un sesgo tanto en la aplicabilidad de la terapia como a nivel del estudio, colección y descripción de data.

El artículo sobre musicoterapia individual (Mette H. et al., 2013), es un estudio aplicado a 42 pacientes con demencia, de entre 66 y 96 años, provenientes de 14 residencias de Dinamarca y Noruega. El estudio fue realizado a través de grupos de control y experimental combinado con muestras aleatorizadas, en la que ambos grupos fueron sometidos a terapia musical. ya sea en una primera fase o en una segunda, considerando 14 semanas para el total de grupos. Las evaluaciones se realizaron por medio del test CMAI de agitación y ADRQL de calidad de vida. El objetivo de este estudio, fue identificar la efectividad de la musicoterapia en la reducción de síntomas de agitación y en la medicación de pacientes con demencia. El resultado fue positivo para el grupo experimental, no así para el de control, cuyos valores en la medición de conductas de agitación fueron mayores,  aumentando la medicación psicotrópica (17% de los participantes) durante el cuidado estándar. En el grupo experimental no hubo aumento de esta prescripción durante el ejercicio, sino una disminución en el 5% de los participantes y en uno, con medicación anticolinesterásica. De estos últimos medicamentos en el caso del grupo de control, 2 pacientes aumentaron su uso durante el tratamiento.

El artículo sobre terapia musical en tareas duales (Chen Y. & Pei Y., 2018), Musical dual-task training (MDTT), fue realizado a un grupo de 27 pacientes de la unidad de demencia de un hospital de Taiwán, de edades entre 55 y más años, cuyo grupo de intervención con MDTT (n=15) fue realizada por musicoterapeutas que estimulaban al paciente a través de la aplicación de dos tareas simultáneas.  Las tareas consistieron en cantar o tocar un instrumento y al mismo tiempo caminar hacia adelante y atrás, o de lado a lado, actividad compleja debido a la dificultad motil de los pacientes. Al grupo de control, se le designaron tareas simultáneas de dual-task  reemplazando la música con estimulación cognitiva.

El objetivo de este estudio fue determinar si a través de esta terapia dual-task con música, se lograba mejorar la marcha de los pacientes, evitar caídas y mejorar la atención, con mayor efectividad que otra terapia dual-task sin música. Se pudo constatar que la MDTT permite desarrollar un mayor control de la atención en contraste al grupo de control, y aunque no disminuye el miedo a las caídas, en el grupo de control este temor aumentó tras la evaluación FES-I. El balance al caminar mejora según el Test Borg Balance Scale, no así con TUG, que no revela cambios tras la MDTT. La evaluación en la velocidad del paso, dio un menor valor del esperado debido según el análisis, por la alta demanda en la atención que requiere desarrollar una tarea de tipo dual. La atención fue medida a través del Trail Making Test (TMT) solo parte A, por su menor complejidad adaptada en 600 segundos de tiempo máximo. Se pudo identificar una menor demora en la realización del TMT con MDTT, que en el grupo de control. Por medio de la evaluación CMAI, se pudo identificar menor frecuencia de agitación en grupo con MDTT, que en el de control.

En el artículo musicoterapia y enfermedad de Alzheimer (Gómez M. & Gómez J., 2017), hallamos resultados igualmente promisorios para la mejora de la agitación como en los anteriores estudios, y también en áreas cognitivas como la atención, la memoria y la orientación. El objetivo del estudio, fue determinar si la musicoterapia mejora la condición clínica de los pacientes con demencia y si dicha mejora, depende del grado de demencia que padece. El estudio se llevó a cabo con 42 residentes de edad media 77.5 años, pertenecientes a 2 centros geriátricos de la provincia de Murcia, España, evaluados a través de un cuestionario de preferencias musicales, MMSE, NPI, HADS e Índice de Barthel. Las intervenciones fueron realizadas por 2 musicoterapeutas de manera grupal y solo se analizaron grupos experimentales divididos en demencia leve (CDR1) y moderada (CDR2).

El resultado arrojó una disminución del valor total de casi todos los síntomas neuropsiquiátricos de los pacientes sometidos a la terapia (especialmente los pacientes de CDR2) y un aumento de los resultados de MMSE especialmente en el área de memoria, orientación y lenguaje. Los pacientes con demencia moderada mejoraron notablemente el lenguaje. En ninguno de los casos mejora el Índice de Barthel y depresión evaluada con NPI. Por otra parte, los síntomas de ansiedad disminuyen aunque más significativamente en los grupos de demencia leve, resultados obtenidos por medio de HADS. La desinhibición también mejoró en los grupos de demencia leve y moderada.  Este estudio además contempla en sus resultados, una mejora progresiva de las funciones cognitivas a través de la terapia, lo cual se contrapone con las hipótesis de transitoriedad de los efectos de la misma.

Aunque los estudios analizados concluyen aspectos de gran valor para considerar eficaz la musicoterapia para tratar los síntomas conductuales, psicológicos y cognitivos de la demencia, se hace difícil tener en cuenta una definición perentoria de sus resultados, debido a las numerosas limitantes que se generan en la practicabilidad de los análisis, evaluaciones y terapias.

He complementado mi experiencia en relación a la psicoestimulación pedagógica, con actividades musicales que me han permitido estimular el buen ánimo y predisposición del alumno con demencia, en la realización de tareas en la que desestima su capacidad, como talleres manuales y tareas que potencian su creatividad, puesto que las emociones que activa la música, la fomentan. Me resultó difícil hallar estudios de TNF con las especificaciones requeridas, sin embargo, la musicoterapia presenta una relevante cantidad de investigación actualizada, y que posiblemente lidera el espectro de las investigaciones en esta línea no farmacológica.

La U. de Chile es la única casa de estudios en nuestro país que ofrece un programa de postítulo de arteterapia con mención en musicoterapia (U. de Chile, 2018) y la carrera de pregrado en musicoterapia no se imparte, ya sea en centros e institutos técnicos y universidades. Pensando en los objetivos multidisciplinares del Plan Nacional de demencias y las organizaciones privadas y gubernamentales que trabajan actualmente por mejorar las condiciones de las personas que padecen esta enfermedad, se podría incentivar la creación de disciplinas relacionadas con TNF efectivas, a través de alianzas estratégicas con entidades educativas. Para ello es importante que todas las actividades, proyectos y planes en torno a la demencia se generen en redes, puesto que los esfuerzos deben ser múltiples y coordinados para un reconocimiento permanente y dinámico de las necesidades que surgen a diario, en la vida personal y familiar del adulto mayor con demencia.

Bibliografía

Mette H., Ridder O. Stige B., Gunnhild L. & Gold C. (2013). Individual music therapy for agitation in dementia: an exploratory randomized controlled trial. Aging and Mental Health. Taylor and Francis Group (Ed.) Vol. 17 Nº6, 667-678. ISSN:1360-7863

Chen Y., Pei Y. (2018). Musical dual-task training in patiaents with mild-to moderate dementia: a randomized controlled trial. Neuropsychiatric Desease and Treatment. V. 14 P 1381-1393

Gómez M., Gómez J. (2017). Music therapy and Alzheimer`s disease: cognitive, psychological, and behavioural effects. Sociedad Española de Neurología. Elsevier España (Ed.) V. 32 P. 300-308

González, D. (2018). Diagnóstico y evolución de las demencias en la persona mayor. En Diplomado Personas mayores y demencias: abordaje gerontológico. Santiago: Pontificia Universidad Católica de Chile.

Olazarán, J., Aguera, L., Muñiz, R.  (2018). Síntomas psicológicos y conductuales de la demencia: prevención, diagnóstico y tratamiento. Revista de Neurología 2012. 55 (10): 598-608.

U. de Chile (2018). Curso de Especialización de Postítulo en Terapias de arte, mención Musicoterapia. Recuperado de http://www.uchile.cl/postgrados/6743/terapias-de-arte-mencion-musicoterapia

 

 

 

 

 

 

 

El rol de las funciones cognitivas en las demencias

Camila Rivera.

La principal característica de las demencias, es el deterioro acentuado y progresivo de las funciones cognitivas debido al daño estructural y funcional del cerebro (Palacios, 2018), en el que se depositan (si bien no en todas las demencias), intra y extracelularmente proteínas anómalas, y a reducir, como sucede en la enfermedad de Alzheimer, el tamaño del cerebro (Acarín & Malagelada, 2017). Afecciones de otro tipo en relación a la demencia son la atrofia del hipocampo (zona del cerebro fundamental para los procesos del aprendizaje y memoria), se reduce la neuroplasticidad, se produce neuroinflamación (por ejemplo en las células gliales que actúan en los mecanismos de la sinapsis), o se infartan zonas del cerebro como es el caso de las demencias vasculares, entre otras anomalías. Este daño de la capacidad cognitiva va afectando al enfermo de diversas formas, altera su pensamiento, su capacidad de razonar, de expresarse (afasia), leer o comprender lo que lee, su capacidad de distinguir los objetos, signos o símbolos (agnosia), sus habilidades visoespaciales, visoconstructivas y visoperceptivas, ejecutivas y lógico-matemáticas. También presentarán problemas para coordinar los movimientos en torno a un objetivo (apraxia), alteraciones conductuales, neuromusculares y trastornos del ánimo debido al mismo efecto del deterioro cognitivo-neurológico.

Actualmente no existe cura para la demencia, sin embargo para enfrentar este deterioro de las funciones cognitivas, se plantean terapias farmacológicas para controlar la producción de las proteínas anómalas. También se recetan antipsicóticos para evitar crisis y alucinaciones y vitaminas como la D y la B12, que en caso de ser deficientes en el afectado, profundizan el deterioro. Por otra parte, encontramos las terapias no farmacológicas que permiten estimular las funciones cognitivas (Martínez, 2002) a modo de potenciar las reservas cognitivas, preservar habilidades y desarrollar nuevas sinapsis o aprendizajes para compensar las funciones deterioradas (Cabras, 2012).

Según mi experiencia realizando terapias no farmacológicas en adultos mayores con demencia, es posible generar retraso en los deterioros, principalmente gracias a un estimulación variada y constante con materiales vistosos y que estimulen las emociones. Es muy importante estimular lo psicoafectivo en estos procesos, puesto que la vida emocional en estos adultos mayores es muy rica y se mantiene viva durante la enfermedad (Guzmán-Vélez, 2014).

Referencias bibliográficas:

Acarín, N. & Malagelada, A. (2017) Alzheimer, envejecimiento y demencia. RBA Libros (1ª ed.) España.

Martínez, T. (2002) Estimulación cognitiva: guía y material para la intervención. Consejería de Asuntos Sociales (Ed.). Principado de Asturias, España.

Guzmán-Vélez, E. (2014). Feelings Without Memory in Alzheimer Disease. Cognitive and behavioral Neurology. 27(3) 117–129. doi: 10.1097/WNN.0000000000000020.

Cabras, E. (2012), Plasticidad cognitiva y deterioro cognitivo, Tesis doctoral no publicada, Universidad Autónoma de Madrid, España.

Palacios, J. (2018) Panorama mundial, epidemiología y nuevas tendencias para el abordaje de las demencias. En Diplomado Personas mayores y demencias: abordaje gerontológico. Santiago: Pontificia Universidad Católica de Chile.

Las fortalezas, debilidades y desafíos de los servicios sociosanitarios en Chile en torno a la demencia

Camila Rivera.

En consonancia con la realidad de los países más desarrollados, Chile hace más de una década ha impulsado (Abusleme, 2018), medidas y acciones que permitan mejorar la calidad de vida de aquellos que padecen demencias y de sus familias, estas últimas gravemente afectadas por la sobrecarga que implica la labor de cuidado (Correa, 2015). El panorama, aunque complejo desde su abordaje técnico y social, ha incentivado numerosas iniciativas de calidad para manejar el escenario actual y el que proyectan los análisis internacionales que se suman a la discusión de las políticas públicas a nivel global (Palacios, 2018).

Cabe señalar que la manera en que se han dispuesto los programas desde lo público y privado en Chile, se manifiestan fenómenos distintos según el tipo de representación y valorización que hacen las entidades desde lo profundo de su ideación y estructura (Araya, 2002). Por ejemplo, la red de salud pública, tiene como deber contextualizar las realidades que aquejan a la comunidad y tratarlas, sometiendo al sujeto afectado por la enfermedad, al rigor de los esquemas que se han establecido para categorizar y facilitar la atención de parte de los especialistas y personal a cargo. Este reduccionismo es necesario para darle funcionalidad al sistema y hacerlo viable en su complejidad. Por otra parte, se encuentran las iniciativas privadas, como COPRAD o la Corporación Alzheimer Chile (SENAMA. 2017), que debido a la posibilidad de configurarse desde la plenitud de un concepto que evalúa objetivos de abordaje específico, y que no conforma un sistema  complejo sino la ideación particular de un grupo de personas, se genera un escenario más flexible, con la posibilidad de actuar con mayor focalidad.

Es muy importante considerar estas representaciones a la hora de analizar lo que se pretende conseguir en la comunidad con lo que propone el Plan Nacional de Demencias, puesto que uno y otro sistema (privado y público) tiene sus restricciones y sus ventajas a la hora de desarrollar sus programas. Sin duda la planificación de un abastecimiento masivo de herramientas que permitan resolver problemáticas de inmediatez que produce la enfermedad, debe ser abordado por el sistema público, que es lo que estandarizadamente ha estado realizando a través de los programas preventivos en atención primaria con el EMPAM y EFAM (SENAMA, 2017), a la vez que la canalización de los resultados hacia correctas derivaciones de especialidad. También se suman en este sentido, medidas en la atención secundaria como el Programa para el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer y otras demencias del Ministerio de Salud, que se enfoca a la problemática de modo más profundo, pero aún considerando los contextos que le permiten dar funcionalidad y practicabilidad a una realidad tan compleja y multidisciplinaria como es la demencia (Palacios, 2018).

De esta última mirada, viene su “complementariedad”, ofrecida por la variedad de aspectos particulares escaneados por aquellos que trabajan de una forma más libre y personalizada, empresas u organizaciones, con la realidad que han acusado y que los unió en la conformación de una entidad resolutiva, cuyo fin es actuar en torno a esa específica necesidad. Por lo tanto, su radio de acción es mayor y dispone de más tiempo para observar, evaluar y tratar el problema, que en el fondo es “su problema”, “su razón de existir y elaborar un servicio”.

Es en este sentido, que la debilidad de un sistema (público), es la fortaleza del otro (privado) y viceversa. Por lo mismo, un Plan Nacional de Demencias, tendría que considerar aquellos aspectos que no están al alcance desarrollar desde el sistema que la ampara, esencialmente público, que son las organizaciones desde lo civil. A pesar de que el Plan lo contempla dentro de las Acciones de su Objetivo número 8 (SENAMA, 2017), lo concibe apenas como un “apéndice que es necesario no olvidar”, cuando en realidad debiera considerarse como parte de las Acciones de todos sus Objetivos, partiendo de la base que es la misma sociedad civil la que comprende mejor esta realidad, según es ella quien la vive, reporta y mayormente resuelve en lo cotidiano.

Lo paradójico, es que es un plan de demencias, que fue movilizado e incentivado por organizaciones de la sociedad civil e internacional, cuya recolección de firmas para llevar a cabo su realización fue conseguida por COPRAD, personalidades de la cultura, empresarios, entre otros (COPRAD, 2018). Desde este punto de vista, ¿Cómo entendemos que el mismo plan, reclamado por dichas entidades, no las considera con el protagonismo y capacidad que han demostrado tener en este escenario para concretar tan ambiciosa edificación?

El Estado, en este sentido, tiende a concebirse como un entidad que intenta cubrir ampliamente nuestras necesidades (MINSAL, 2018), con el objeto de reducir costos al usuario, cuando su institucionalidad no le permite permear hacia las diversas y complejas micro-realidades de las que está conformado nuestro país. Sus desafíos son muchos en este sentido e inabordables, por lo que la palabra multidimensional a la que se hace tanto referencia en estas temáticas, debiera consistir en concebirse y autodefinirse como unidimensional (a pesar de su multidisciplinariedad), para recurrir a los apoyos que lógicamente exige un servicio de tal magnitud. Aunque claramente, para considerar a los actores privados de nuestra sociedad dedicados al abordaje de la demencia, el Estado tendría que destinar una cantidad importante de recursos para subsidiar las distintas propuestas, que podrían mejorar considerablemente la calidad de vida de cada adulto mayor en esta condición y su familia. Para ello no solo se requiere entender esta realidad, sino también de una importante voluntad política (AgeWatch, 2018).

Dicha reflexión la realizo como resultado de mi trabajo diario en torno a los adultos mayores, la experiencia observada a través de ellos, entre referencias bibliográficas y audiovisuales que aportan a desarrollar las concepciones que se tienen de una realidad tan cruda como es la demencia en nuestro país. Es muy difícil que una política pública aborde al 90% de las personas con demencia que no son diagnosticadas en países como el nuestro (Abusleme, 2018), en vías de desarrollo, y que por no ser diagnosticadas, no reciben la ayuda necesaria para tratar su condición. Sería de gran ayuda que la planificación de los distintas ofertas de educación en torno a la temática de la vejez y la demencia, puedan organizarse con el apoyo de organizaciones, departamentos municipales y públicos para fomentar prácticas, investigación, emprendimiento, propuestas y análisis de situaciones actuales y reales, para acudir de manera más efectiva a la inmediatez con se requiere actuar y resolver una de las problemáticas socio-sanitarias más complejas que ha tenido que enfrentar nuestro país (FLACSO, 2015).

Una sociedad ideal en esta materia, sería por ejemplo, una en la cual todos conociéramos lo que significa la vejez, sufrir una demencia y qué necesidades tienen aquellos que los cuidan, de manera que un joven que sale de su escuela y ve que un familiar, un vecino o un conocido cuidador, debe hacer un trámite, o salir a comprar, el joven se ofrezca a cuidar al enfermo (considerando que el enfermo aún puede realizar sus ABVD), o puedan sentirse llamados a colaborar con organizaciones, crear actividades cognitivas interesantes y entretenidas para estimularlos, entre otra infinidad de actividades que solo puede ofrecer una sociedad concientizada, educada y comprometida con la vulnerabilidad de nuestros adultos mayores.

BIBLIOGRAFÍA

Palacios, J. (2018) Panorama mundial, epidemiología y nuevas tendencias para el abordaje de las demencias. En Diplomado Personas mayores y demencias: abordaje gerontológico. Santiago: Pontificia Universidad Católica de Chile.

Abusleme, M. (2018) Servicios Sociales disponibles en Chile para la atención de personas con demencia. En Diplomado Personas mayores y demencias: abordaje gerontológico. Santiago: Pontificia Universidad Católica de Chile.

AgeWatch (2015). Índice Global de Envejecimiento, AgeWatch 2015. En Diplomado Personas mayores y demencias: abordaje gerontológico. Santiago: Pontificia Universidad Católica de Chile.

MINSAL (2017) Plan Nacional de Demencias. (1ª ed.) Santiago, Chile. En Diplomado Personas mayores y demencias: abordaje gerontológico. Santiago: Pontificia Universidad Católica de Chile.

SENAMA, 2015 (Ed.) La construcción social de las demencias en personas mayores de la Región Metropolitana, Chile. (1ª ed.) Santiago, Chile.

Correa, J. (2015) El cuidado para los responsables principales de las personas mayores con demencia. SENAMA (Ed.) La construcción social de las demencias en personas mayores de la Región Metropolitana, Chile. (1ª ed., pp. 139-187) Santiago, Chile.

Araya, S. (2002). Las Representaciones Sociales: Ejes teóricos para su Discusión. Cuaderno de Ciencias Sociales 127. FLACSO. Recuperado de http://www.flacso.or.cr/index.php/component/flippingbook/book/16?page=5&Itemid=589

COPRAD (2018). Campaña No Te Olvido. Recuperado de http://www.coprad.cl/nuestro-trabajo/campana-no-te-olvido/

Galería de ejercicios y manualidades

Elena es una de nuestras alumnas con Alzheimer en etapa avanzada grado 2, le gusta pintar y tiene gran habilidad con sus manos. Cuando ve la flor que ha terminado se siente contenta, posiblemente colgará esta y las que siga haciendo en una parte de su casa. Este tipo de trabajos refuerzan sus emociones positivas, habilidades cognitivas y mejoran su autoestima, lo que permite ralentizar el proceso degenerativo de su enfermedad y aumentar su esperanza de vida.

¿Qué es un taller educativo? ¿Cómo es uno de nuestros talleres?

Un taller educativo, es una modalidad de enseñanza metodológica que implica el desarrollo de un conocimiento teórico a práctico. El objetivo de este es llevar lo aprendido a través de una clase o lectura, a una actividad práctica en la cual se aprenda alguna técnica o habilidad específica.

En nuestro caso, la práctica es una constante basada en una exhaustiva recopilación y análisis de estudios de investigación cognitiva, demencia y deterioro cognitivo en adultos mayores y estudios de la teoría de la cognición y la psicología, contando además con la preparación de profesionales a cargo de la estructura de los talleres y dinámicas. Los alumnos están en permanente actividad, desarrollando nuevas habilidades que desafían su autoconocimiento y proyección personal en el ambiente familiar y social.

De modo específico, Didacttia ofrece talleres educativos de tipo cognitivo, para el desarrollo mental y psicoafectivo del adulto mayor. Para más información leer página interna “Áreas de Entrenamiento”.